martes, 26 de mayo de 2009

Ocurrió hace un año

Publicamos a continuación el texto de la presentación de los gigantes de Doña Urraca y Arias Gonzalo. Estas palabras fueron pronunciadas por la periodista y socia Ana Pedrero hace casi un año cuando Capitonis Durii estrenaba la primera pareja de gigantes sobre el Cerco de Zamora. Al acto acudieron todas las asociaciones giganteras de la provincia y alguna de la comunidad.



En Zamora, a 14 de junio de 2008.


Muy buenas tardes.

Ha llegado la fecha soñada. Aquí los tenemos. Gigantes, rozando casi el cielo con la yema de sus dedos, sustentando en su cabeza el orgullo de este pueblo zamorano, arropados en su puesta de largo por los gigantes que pregonan a los cuatro vientos su altura imponente por la provincia.

Doña Urraca y Arias Gonzalo. Los defensores, los protectores de esta ciudad que se vio sometida a cerco durante siete meses. Los que apuntalaban los ánimos de las gentes y las puertas de los torreones para que nadie entrase a sangre y acero en suelo zamorano.

Hoy vuelven a Zamora, a su casa. A la ciudad de donde nunca han salido porque hablan de ellos las calles, los nombres, los rincones, las plazuelas, los palacios, los postigos y las puertas, incluso aquella que llaman de la Traición. Hoy vuelven a la ciudad de la piedra y la leyenda, a la de las gestas y los silencios.

Doña Urraca, hija de Fernando I, rey de Castilla y León. Señora de Zamora, aunque los zamoranos la hicimos reina no coronada a través de los siglos. Señora de Zamora, porque se lo ganó en el lecho de muerte de su padre el Rey, a quien demandó tierra por herencia en el tiempo en que la tierra pasaba a las manos de los hombres. Señora porque resuena en los viejos sillares su voz encendida, compendio de tantas voces, de tantos siglos, de tantas injusticias y tanta lucha.

" ¡y a mí, porque soy mujer, - dejáisme desheredada!
Irme he yo de tierra en tierra - como una mujer errada;
mi lindo cuerpo daría - a quien bien se me antojara,
a los moros por dinero - y a los cristianos de gracia;
de lo que ganar pudiere, - haré bien por vuestra alma”

Señora porque no permitió que la codicia de su hermano Sancho tomase por asalto las casas y los hogares, la vida que rebosaba la ciudad murallas adentro. Doña Urraca, forjada entre la historia y la leyenda, a caballo entre el deber y el corazón, entre sus ciudadanos y la sangre, entre la sospecha y la inocencia. Urraca, cuyo pecado fue nacer libre e independiente en los tiempos oscuros en que las mujeres no hablaban, no decían, no decidían.


A su lado, siempre, el noble Arias Gonzalo, quien pagó con la sangre de tres de sus hijos el precio de la infamia en el Campo de la Verdad. A los pies de la muralla, Diego Ordóñez había lanzado el reto: “quien a traidor sostiene, es traidor como el que la faze”. Y considerando traidor al pueblo zamorano por abrir las puertas a Bellido, desafía al duelo “a los muertos como a los vivos, e tanbién a los de naçer como a los naçidos". Según dictaba la costumbre, Diego Ordóñez habría de enfrentarse a cinco defensores de Zamora. Si alguno de ellos venciese en buena lid, quedaría limpio el nombre de la ciudad.

Es entonces cuando Arias Gonzalo reúne a sus cuatro hijos y los prepara para el combate, reservando para sí el primer lugar. Pero Doña Urraca pide a su fiel consejero que no ocupe ese puesto. Primero cae Pedro, el más joven de la casa. Después, Diego. Y finalmente, Rodrigo, quien logra herir a Ordóñez y a su caballo, que se desboca y lo saca del campo, dictando entonces los jueces que el torneo queda en tablas, por lo que al no dictar sentencia no se considera infamia sobre Zamora.

Pesaba entonces más el honor que la vida, aunque podemos imaginar las lágrimas que el bueno de Arias derramara sobre los cuerpos de sus hijos. Y así, para la historia quedó que Arias Gonzalo y su estirpe lavaron ante Dios y ante los hombres el nombre de Zamora y rubricaron con las armas y la vida su pacto de amor con la ciudad.

Nosotros conocemos la historia. Pero tenemos también la obligación de contarla, de narrársela a los que vienen detrás. Hoy los niños de Zamora han visto en la calle a sus protagonistas. Y tienen que saber que hubo un tiempo en que la ciudad vivió encerrada en sus murallas. Y tienen que aprenderse los nombres para que no se nos olviden.


En su intento de recrear la Zamora medieval, no podían haber elegido mejor punto de partida los socios de Capitonis Durii. Lo que surgió como un sueño casi de locos, hoy es una realidad. Hoy los hemos visto, los hemos palpado, los hemos acompañado en su bailar por las calles. Hace poco más de un par de años, todo eran proyectos, ideas, diseños, sueños…..

En el año 2005, al amparo del grupo de teatro Tizona, surge la asociación, que aporta cuatro gigantillas para las rutas de Medievalia. Entonces, surge la idea de crear nuevos gigantes para la ciudad en recuerdo de los personajes que intervinieron en el Cerco de Zamora, que son parte de las señas de identidad de los zamoranos.

Esta pareja que hoy se presenta, Doña Urraca y Arias Gonzalo, son el fruto de un importante esfuerzo económico y humano. Nada es casual. Atrás han quedado los tiempos de incertidumbre, mientras se intentaban recabar fondos llamando a las puertas de las instituciones y empresas o vendiendo papeletas para recabar fondos que pudiesen hacer real el sueño de los gigantes. Atrás ha quedado la espera impaciente mientras las figuras eran realizadas en talleres especializados de Valencia. Cuando arribaron a la ciudad, por fin la bella Urraca y el noble Arias tenían rostro. Capitonis Durii ya tenía sus dos primeros gigantes.


Después, llegaron los armazones, las primeras pruebas y el trabajo callado de las costureras, que puntada a puntada fueron revistiendo de nobleza e historia a nuestros dos protagonistas. Llegaron también los ensayos, casi con nocturnidad, por los alrededores del local, que linda con la iglesia de San Antolín, que de siempre fue la casa de la Patrona.

El esfuerzo de los jóvenes cargadores para mantener el equilibrio, la experiencia de los mayores, el paso adelante de las mujeres, que no han tenido reparo ninguno en probarse con los más de cuarenta kilos que pesa cada gigante y ensayar para llevarlos por las calles. Las cuentas, los números, las ilusiones, la música, el aprendizaje….no hace falta que ponga nombres, pero sí agradecimiento para el trabajo callado de cada uno de ellos, que son parte importante en este engranaje donde por haber ha habido, incluso, saetas al modo zamorano para la asociación y sus componentes. Ese ha sido el secreto que ha logrado cumplir el sueño: trabajo callado y amistad a raudales.


Porque Capitonis Durii es, por encima de todo, un grupo de amigos que se han ilusionado y se han implicado en un proyecto importante. Un proyecto que es perfectamente compatible con la presencia de La Negra, el Turco, el Ramón y el Abuelo, los cuatro puntos cardinales sobre los que se asienta la tradición de los zamoranos y a los que siempre guardaremos lugar de privilegio en el corazón porque son los que nos guarda la memoria desde la niñez hasta nuestros días.

Hoy empieza una nueva cuenta. Y los zamoranitos que vengan al mundo aprenderán a ver a los gigantes de Capitonis por las calles en San Pedro, en las rutas medievales y en las ocasiones que lo requieran.


Y sabrán que hubo una Señora de Zamora, Doña Urraca, que abrió las puertas del orgullo a este pueblo antes que las de la traición. Y que hubo un Arias Gonzalo que regó los campos zamoranos con la sangre de su sangre para que florecieran las espigas y las miles de primaveras que nos separan de ellos. Sabrán también que la ilusión todo lo puede y que hubo, que hay, un grupo de soñadores que han edificado sus sueños en cuatro metros de altura para vestirse de largo por las calles con las sonrisas de los niños.


A fin de cuentas, vivir en Zamora, crear en Zamora, soñar en Zamora y poder cumplir esos sueños, muchas veces es tarea de gigantes.

Muchas gracias.

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